¿Qué va a pasar con el Luna Park?

Desde que abrió sus puertas por primera vez el 6 de febrero de 1932, el estadio fue escenario de cuanto evento histórico de nuestra historia moderna se nos ocurra. Hoy, su particular andar lo pone en el ring frente a una inevitable renovación y un esfuerzo por sostener la memoria.

Desde mediados de 2024 que distintos actores debaten la posibilidad de remodelar el mítico estadio Estadio Luna Park, hecho que parecía inevitable luego de que el 6 de enero de 2025, la Comisión Nacional de Monumentos, Lugares y Bienes Históricos – en su Reunión Plenaria N°1 – aprobará el proyecto de la reforma y que, posteriormente, se llevara a cabo una audiencia pública la Ciudad, un paso necesario para que el gobierno de Jorge Macri extienda un certificado de aptitud ambiental a los planos.  Sin embargo, en los últimos días de 2025, la Sala III de la Cámara en lo Contencioso Administrativo y Tributario de CABA dejó en firme una resolución del Juzgado en lo Contencioso Administrativo y Tributario N° 5- surgida a raíz de la denuncia de el abogado constitucionalista Andrés Gil Domínguez –  en la que se prohibió avanzar con los trámites para la demolición del emblemático “Palacio de los Deportes”.

El proyecto fue presentado por las productoras DF Entertainment – dirigida por el empresario argentino Diego Finkelstein – y la multinacional Live Nation. Según trascendió, ambas empresas ostentan una concesión del predio otorgada por el Arzobispado de Buenos Aires por un lapso de 20 años, con la chance de acceder a una prórroga por 20 más. La Iglesia quedó a cargo del mítico estadio luego de que Ernestina Devecchi de Lectoure falleciera en 2013.

Más allá del freno (temporal), la incertidumbre sobrevuela el cuadrante de Bouchard, Avenida Corrientes, Lavalle y Avenida Madero. Acusado de obsoleto por las productoras, vanagloriado por los patrimonialistas e ignorado por el común de la gente, el mítico estadio y su inevitable reforma abren una serie de interrogantes no sólo ya sobre la protección del valor arquitectónico, sino también sobre el rol que ocupan estos espacios físicos en la construcción de la memoria y la identidad de una sociedad y qué cambios puede traer aparejados sus modificaciones.  En este escenario, son dos las grandes preguntas que surgen alrededor de su renovación.

¿Se puede renovar el Luna Park?

Y

¿Para qué carajo renovarlo?

Con el proyecto frenado – temporalmente – la incertidumbre sobrevuela el mítico estadio | Créditos: Malena Mónaco

Marco Legal

El debate por la legalidad de la reforma del Luna Park es tan aburrido como necesario. Según el proyecto que trascendió – que será llevado a cabo por los estudios Enrique Lombardi & Asociados y BMA –, la reforma busca optimizar ingresos; reformar baños, actualizar el sistema sonoro, incorporar sistemas de energía renovable, crear el Museo del Luna Park. A todo esto, se le suma un pequeño detalle: las obras buscan incrementar su capacidad de 8.400 a 13.000 personas, aproximadamente, y agregar dos subsuelos de cocheras

En medio de las denuncias de voces críticas, que señalan que esta modernización pone en peligro el patrimonio cultural intrínseco del estadio y que los planos incumplen la normativa vigente, cabe preguntarse: ¿qué dice la ley? 

En pocas palabras, sobre el Luna Park reposa una doble protección. Es – desde 2007 – un Monumento Histórico argentino, además de haber sido incluido también en la categoría de “protección estructural” del Código Urbanístico de Buenos Aires (CUR). Esto, lógicamente, le vale de una serie de cuidados.

Según el CUR, la protección estructural habilita únicamente obras de “nivel 2”. Así, se prohíben “modificaciones en el volumen de la edificación”. La actual legislación establece que se pueden llevar adelante “obras o acciones dirigidas a adecuar el espacio interior de los edificios a condiciones de uso nuevas, respetando los elementos tipológicos formales y estructurales de los mismos”.  Sobre la fachada – gran eje de la discusión en torno a la remodelación – destaca que los trabajos deben ser realizados “respetando el diseño original” y, en caso de que deba ser modificada por “cambio de uso”, los nuevos aspectos “deben respetar las líneas rectoras de la misma”.  Queda prohibido entonces demoler la cubierta (fachadas y techo) del Luna Park o elementos significativos del interior (tribunas, galerías y piso). 

Los distintos niveles de protección del CUR.

El arquitecto especializado en patrimonio histórico, Marcelo Magadán, se hizo eco del proyecto presentado por las productoras (que circuló en distintos medios), y en diálogo con LATUERTA explicó: “Por lógica – en la medida en que la propuesta no respetaba la normativa vigente en conservación de edificios protegidos- el órgano de aplicación debió solicitar cambios”. 

Pienso inmediatamente que se trata de un proyecto donde ha estado ausente la voz de un especialista en rehabilitación de edificios históricos que esté comprometido con el patrimonio y la sociedad a la que pertenece y representa en el acto de decidir”, ahondó Magadán. A este análisis crítico también suscribe el arquitecto y urbanista, Guillermo Tella, quién en conversación con este medio analizó: “Esto, más allá de opiniones personales, pone en discusión la laxitud de algunos dispositivos de preservación del patrimonio que tenemos y cuál es su capacidad para incidir por procesos especulativos sobre el destino del suelo”.

Previo a la audiencia, LATUERTA también conversó con la – ahora expresidenta – de la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, Mónica Capano, quién precisó que fue lo que se debatió durante la reunión plenaria de enero: “Nosotros lo que dimos era vía libre para que se iniciara la obra, pero con una condición: que se armara una mesa participativa en la cual se iba a discutir todo”.  Más allá del visto bueno inicial, el amparo colectivo de Gil Dominguez y la presión de diversas ONG’s jaquean su avance.

Por lo pronto, el marco legal actual refleja un impasse, tras la decisión de la justicia porteña de rechazar el recurso de apelación de la Ciudad contra la resolución de primera instancia de la jueza Natalia Tanno, subrogante del Juzgado N°5 en lo Contencioso, Administrativo y Tributario, donde se estableció que “deberá suspenderse de manera inmediata cualquier obra o trámite administrativo relacionado con el proyecto vinculado al inmueble”.

Un estadio (casi) Centenario

Saldado el debate legal sobre que permite la legislación actual, surge entonces la segunda incógnita: ¿para qué renovar el Luna Park?

Las carteleras todavía anuncian una serie maratónica de shows de Luciano Pereyra y Abel Pintos | Créditos Malena Mónaco.

En poco menos de siete años el mítico edificio festejará su 100° aniversario. En este contexto, las voces oficiales que llevan adelante el proyecto aseguran que el estadio cubierto requiere hoy “una modernización integral para alinearse con los estándares globales del entretenimiento en vivo para recibir a eventos de primer nivel y a sus fans”, según refleja un comunicado oficial – del pasado 25 de junio – donde detallaron todos los cambios que se esperan llevar adelante.

“Todos los edificios históricos -de una u otra manera- requieren algún tipo de intervención porque sin ella se deterioran y terminan por destruirse”, reconoció Magadán y agregó : “En el caso de Luna Park, entre los objetivos del proyecto están la incorporación de nueva tecnología; la renovación del sistema contra incendios, del acondicionamiento térmico y la iluminación, la mejora de las condiciones de aislación y la optimización del consumo de energía”. 

Tella, por su parte, dio un paso más allá: “Un edificio tiene que ganarse su pan para ser reconocido como tal. Los edificios no nacen como patrimonio, ni por serlo van a tener garantizado de por vida su condición como tal”.

“El patrimonio hay que mantenerlo vivo y para eso hay que ir incorporándole actividades que garanticen esa revitalización. Si eso no sucede, tiende a quedar congelado en el tiempo, en el espacio, casi museificado”, remarcó.

La necesidad de una actualización también es presionada por el surgimiento de venues como el Movistar Arena – inaugurado en 2019 –que obligan al Luna Park a renovarse para continuar en la pelea por la hegemonía de la cultura y el entretenimiento porteño. En este punto es necesario aclarar que, más allá de las potenciales mejoras, el estadio estuvo lejos de estar abandonado y en desuso. En promedio, recibió un total de 80 espectáculos por año entre 2023 y 2024 – estadísticas no muy lejanas a las que ostenta el novedoso Movistar Arena-, y hoy se mantiene cerrado por decisión de sus concesionarios.

Algo queda claro en la discusión entonces. La pregunta no es si hay que renovar el Luna Park, sino más bien, cómo hay que hacerlo.

Renovar, sí. ¿Pero cómo?

Entendidas las necesidades actuales del estadio, Magadán advirtió que “una actualización funcional que tenga en cuenta la incorporación de nueva tecnología” puede lograrse “sin demoler la totalidad del interior, ni alterar significativamente sus fachadas, como ha de ser el resultado del proyecto tal cual ha sido planteado”.

Así, el arquitecto manifestó que hay distintos principios que se tienen presentes a la hora de renovar edificios históricos, entre los que remarca el de la “mínima intervención” que denuncia que en el proyecto aprobado “no se está respetando”. Además, al hablar de “espacios que nos identifican como sociedad”, el arquitecto reafirmó que se deben preservar “los componentes relevantes del edificio, aquellos que destruidos lo llevan a perder su esencia y hacen que dejamos de reconocerlo”.

El Luna Park abrió sus puertas en su ubicación actual el 6 de febrero de 1932. | Créditos: Malena Mónaco.

Más allá del Luna Park en sí, el foco también debe estar puesto sobre los alrededores del predio. “No caben dudas de que el grueso de la ciudad ha quedado librada a un proceso de especulación que ha promovido la construcción en altura, sin considerar cuestiones muy diversas, como la capacidad de los servicios públicos para satisfacer la demanda, la circulación vehicular y estacionamiento” amplió. “En Buenos Aires se ha protegido poco, mal y sin tener en cuenta los procesos de participación vecinal”. 

Los espacios que habitamos

Lo cierto es que hoy el Luna Park permanece cerrado y hay pocas certezas sobre su futuro, algo a lo que la historia del estadio nos tiene acostumbrados. Allí, en Corrientes y Bouchard, las carteleras todavía publicitan los maratónicos 30 shows que dieron Luciano Pereyra y Abel Pintos, en diciembre de 2024, sin saber que pueden haber sido los encargados de cerrar una etapa.

El Luna Park abrió oficialmente sus puertas – en su ubicación actual – el 6 de febrero de 1932. Sobre sus gradas descansa gran parte de la historia del boxeo argentino. Infinidades de batallas fueron protagonizadas por púgiles de la talla de Justo “Torito” Suárez, Víctor Galíndez, Oscar “Ringo” Bonavena y más.  El estadio también fue un punto de encuentro clave para distintos movimientos políticos de todo color e ideología; el Nazismo en 1938; el peronismo durante sus tres mandatos y la revolución libertadora durante su irrupción. Sus paredes también lloraron en el velatorio de Carlos Gardel y fueron testigos del primer encuentro entre Eva Duarte y Juan Domingo Perón. Su estructura sufrió la noche en que Billy Bond ordenó a sus seguidores que “¡rompan todo!”, para luego limpiar sus pecados en una misa encabezada por Juan Pablo II. El legado del edificio – y su preponderancia ya no solo en la Ciudad de Buenos Aires, sino en la historia argentina – es entonces innegable. 

La renovación pone bajo la lupa algunas preguntas sobre los lazos y escenarios comunes que forman la identidad. “Los seres humanos tenemos una suerte de ‘cajita’”, explicó Magadán. “Ahí guardamos objetos que actúan como disparadores de recuerdos: fotos, notitas, el hilo que ataba cierto regalo… Son objetos que cuando los ‘reencontramos’ nos llevan a revivir momentos, emociones, a explicarnos ciertas cuestiones del pasado necesarias para entender y valorar el lugar donde estamos hoy”. 

En 2032 el estadio cumplirá 100 años en su ubicación actual. | Créditos: Malena Mónaco

En ese sentido, el arquitecto destacó que “los edificios, las calles, los espacios verdes, la ciudad, son diferentes escalas de objetos urbanos que cumplen -a nivel individual y social- la función de los objetos de la ‘cajita’”. Es la misma web del estadio la que reza que “el Luna tiene un pedazo de cada uno de nosotros, de nuestros padres y abuelos”. Si cada ciudad cuenta con sus lugares característicos que la distinguen, no cabe dudas de que la Ciudad de Buenos Aires tiene al Luna Park. 

“La arquitectura es el soporte de los valores históricos, simbólicos y de memoria”, aseguró Magadán. Con este punto presente, el tedioso debate por la fachada – y otros elementos destacados de la construcción – cobran más sentido. Magadán reflexiona  que los cambios sin cuidado hacen “extranjeros” a las personas en las propias “cuadras donde viven”. “El malestar se siente, por la pérdida, entre otras muchas cosas, de los referentes que permiten componer el mapa mental, el que te lleva de vuelta a la calidez del hogar”, agregó.

Sostener estos lugares a lo largo de tantos años implica, necesariamente, que se generen acuerdos en la sociedad que los habita, que pueden – o no – devenir posteriormente en ley. Los últimos años son testigo de un proceso de profundas discusiones a las que el Luna Park no escapa. Nuevas normas, nuevos consumos, nueva memoria y, lógicamente, nuevos consensos. Y en medio de este debate, la nostalgia que rodea al predio del barrio de San Nicolás parece no ser suficiente para despertar el interés de una sociedad por su conservación. Por acción – u omisión – la discusión sobre el estadio hoy pasa desapercibida.

El proyecto prevé dos pisos de estacionamiento, espacios VIPS y más localidades. | Créditos: Malena Mónaco.

“En ciertos casos ha habido una reacción de la comunidad saliendo en defensa del patrimonio amenazado. Esto no ha sucedido suficientemente aquí” reveló Tella antes de apuntar que “hay una corresponsabilidad de la comunidad en el dejar hacer”. 

“Estas cosas tienen que ver con acuerdos sociales finalmente. Toda norma es un acuerdo social que va alcanzando cierta institucionalidad”, profundizó el arquitecto. Y son aquellos acuerdos sociales, incluso los más profundos de nuestra sociedad, los que hoy están en debate.

Uno de ellos plantea la ya conocida dualidad de progreso vs patrimonio. Al respecto, Magadán respondió: “El ‘progreso’ entendido como adelanto, evolución, desarrollo o mejora está dando cuenta de la toma de conciencia sobre una serie de cuestiones que nos afectan a todos, desde lo ambiental y el desarrollo sostenible hasta las cuestiones simbólicas, culturales e identitarias que nos sostienen como sociedad, en tanto individuos nos dan un sentido de pertenencia. La posibilidad de transmitir esas cuestiones a las generaciones futuras la tendremos si mantenemos los elementos materiales que sirven de soporte a esa memoria”.

Es cierto entonces que modificar el volumen del Luna Park y dotarlo – sin miramiento alguno – de estacionamientos, patio de comidas, pantallas gigantes, espacios VIPS y más localidades, lo pondría sin duda alguna en el centro de la escena cultural porteña. De la misma manera, queda la pregunta abierta si esas facilidades valen más o aportan más al progreso que el testimonio histórico del estadio.

¿Un cambio de fachada y un cambio de identidad? | Créditos: Malena Mónaco.

“Nos debemos un largo debate sobre qué carácter debe tener el patrimonio y en qué medida poder mantenerlo vivo”, opinó Tella más allá de posturas a favor o en contra. “Un debate sobre el valor que le damos a la memoria, el pasado, el legado, la historia, la identidad”.

De avanzar el proyecto, el Luna Park como se lo conoce pasará a ser patrimonio exclusivo de libros, álbumes de fotos y memorias manoseadas. “Con el nuevo Luna Park va a emerger una nueva identidad. Tendrá alguna emulación de lo que fue, pero casi caricaturescamente. Junto al Luna Park está asociada gran parte de la historia política, religiosa, cultural, social y también deportiva del país.  Con eso se perderá una parte de la historia y emergerá una nueva identidad”, sentenció Tella. Identidad que será forjada por las nuevas generaciones.