Podría construir su país con palabras, mirando al cielo, pintando luz, agua y tierra. No le importaría la muerte si fue justo el combate. Bailaría junto al fuego, cantaría en La Matanza. Podría construir su país con palabras, mirando al cielo…
A sus espaldas una pared de cemento de donde cuelgan dos obras posiblemente dibujadas por él. Más allá un altar de su madre. Aún más allá el arte, el fútbol, su tierra, la música, la huida y el regreso.
Daniel Edwin Alva Torres o “Chicha, para los amigos”. Oriundo de Perú, Lima. De rebote o coincidencia porque su familia es de Provincia. Hijo de Teófila Torres Acevedo y David Edwin Alva Coyla. Hermano de Laura y Amadeo. También de Amilcar Torres. Pero eso lo explican los lazos que se construyen desde el amor.
Nació en julio del 89. Sus padres se separaron cuando tenía cinco años. Entre las hojas opacas del huarango, el cólera y el Fujimorismo transitó su infancia. Los silbidos de su abuela, la tierra masticada y la promesa del maíz lo vieron reír, también bailar.
No tuvo juguetes. O tuvo pocos. Lo recuerda bien porque si algo tiene Daniel es memoria, filosa, aguda, atenta. “Es como dice una canción, mi peor virtud y mi mejor defecto”. Recuerda haber sido rey del jardín, también haber rellenado el tiempo en soledad dibujando. Dice que no le pasó lo que a muchos les pasa, que es que por más que dibujen o amen ese tipo de cosas de niños, terminan olvidándolo porque la vida misma los hace olvidarlo.
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En el barrio viven más de dos mil personas. Territorio de edades. Allí se juega, se discute, también se sueña. El verde aparece en manchas breves, como una resistencia mínima contra el polvo. Alrededor, pasillos que respiran: voces superpuestas, charlas vecinas, ropa que cuelga de sogas.

El macizo, el Sheraton, el Country, Chacarita City o Villa Fraga. Allí se instaló definitivamente a los 20 años junto a su padre y su pareja, Elena. Vivieron un tiempo de alquilado con el deseo claro de una casa propia. En dos años lo lograron porque para Chicha, un inmigrante no tiene tiempo para no hacer lo que tiene que hacer.
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El pelo de Daniel es negro azabache. Todavía no roza los hombros. Cada tanto se aparta un mechón y lo esconde detrás de la oreja izquierda. Sonríe con ternura, y sabe, cómo de memoria, la delgada prudencia que hay que tener entre la pasión y el dolor.
Mira a los ojos cuando habla y se echa hacia atrás cruzando la piernas en el sillón que lo sostiene:
“Para mí es natural crear donde no hay. Lo que sucede es que como no estoy acostumbrado a que haya… No sé qué hacer con eso”.
Trabaja desde muy chico, generar cosas es algo que hace desde siempre. Pinta, dibuja, escribe, actúa, practica la docencia. Todo atravesado por una búsqueda colectiva y artística. Nunca vió el arte como una carrera. Dice que no por obtuso o algo por el estilo, sino porque para él no era una posibilidad.
Cree que el ejercicio y la creatividad son constantes. Y sobre todo se hace presente de manera involuntaria. Incluso en la gente que menos tiene porque es generar dinero de donde no lo hay.
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Luego de abandonar Odontología, se anotó en la Universidad Nacional de las Artes, desde un cyber porque no tenía computadora.
No hablaba con nadie en la universidad.
No perdía tiempo con nadie.
No quería amigos.
No quería fumar un cigarro en la escalera.
No quería ir a una fiesta.
La primera vez que pisó un espacio autogestivo en la Ciudad de Buenos Aires fue “Rayo Láser” una casona por el barrio Chacarita:
Cuando se me da. Se me da sin buscarlo. Uno de mis compañeros de la facultad me dijo: “Hay un lugar que se llama Rayo Láser. Yo voy a trabajar con esos chicos. ¿Quieres venir?”
Y sucedió. Eran unos pendejos con suficiente valentía para hacer que se remuevan cosas en la escena.
Fui haciendo mi camino. Y en mi camino fui siendo yo, nada más. De pronto, me di cuenta de que el ser genuino era algo que no era común y que eso se aplaudía. Era como un pozo de donde había que sacar agua. Con el tiempo noté que empecé a ser útil para la escena.”
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Viajes. Lugares. Premios. Becas.
Viajes. Lugares
Premios Becas
Premios. Becas.
Lugares Viajes.
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El idilio, entre 2010 y 2011.
Su trabajo circuló por la galería Rayo Láser, la feria ArteBA, las galerías Isla Flotante y Militantes de Ruth Benzacar, la residencia de arte Mundo Dios, el Programa de Artistas de la Universidad Torcuato Di Tella. También en París y en Perú, país que lo vio nacer.
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Viajes. Lugares. Premios. Becas.
Viajes. Lugares
Premios Becas
Premios. Becas.
Lugares Viajes.
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En el 2013 Daniel decide retirarse en la cúspide de su hacer artístico, también borrar toda su información de internet.

Como un cangrejo que se mete en su carcasa.
Yo tomaba champán hasta la hora que fuera y después volvía a la villa… No era quien yo quería ser. O para aportar tenía que ser alguien que no quería ser. Y dije: No puedo con esto, me hace daño. ”
Renata: Voy a empezar a ahondar en el por qué de tu retiro, de tu huida..
Daniel: Fue como un huir hacia adentro.. Por más poético que suene.
*Ríe entre ojos vidriosos y se echa para atrás cruzándose de brazos*
D: No sabía que me iba a enfrentar a ese mundo. No sabía que el arte a parte de toda su belleza, tiene esta otra cara. Como cualquier pirámide, empresa, proyecto. Hay puntos, hay objetivos. Hay quien da algo para recibir otra cosa. Cuando iba y ponía sobre la mesa lo que tenía se agarraba lo que era útil. Mientras fuese útil. El ímpetu de carrera, de pisarse entre si.. Yo venía de Rayo Láser. En donde se trabajaba colectivamente, no comprendía las cosas así. Tampoco quería alimentar eso. El racismo, el clasismo, el prejuicio, lo falso de las personas. Todo esto me hacía mucho daño. No me hacia feliz. Ni siquiera digo mostrar, sino hacer…
¿Cuánto estás dispuesto a dejar de ti? Al fin del día es una deuda que uno tiene con uno mismo.
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Su despedida fue en la feria ArteBa. Le dieron la oportunidad de hacer un proyecto en el que no se vendiera nada. Agarró toda la sala. Él sentado junto a una pila de papeles. Quien quisiera pasar el rato podía tomar asiento y charlar, escribir, dibujar..
El letrero que acompañaba la sala decía: “Si no fuera por eso del arte. Probablemente nunca nos hubiésemos conocido”
Como un gesto de gracias, hasta acá.
Después de casi diez horas dentro de la feria ubicada en la Rural salió a tomarse el colectivo para ir a lo de su novia de aquel entonces. Pasó por la pizzería Kentucky, compró dos porciones de pizza.
“Me había sobrado una porción y se la di a una señora que estaba en la calle.
Se me rompió el alma.
Dije: es acá donde yo tengo que estar. Sentí que todo lo que había hecho, no estoy hablando con la mirada de ahora pero, en ese momento, sentí que había pasado ocho o diez horas en la feria y que había sido importante pero no suficiente para lo que yo realmente quería hacer.
Lo que yo quería hacer era lo otro, con la señora. Lloré, lloré mucho”.
Daniel vendió todas las obras que le quedaban al precio que necesitaba para construir su casa dentro del barrio. No al precio del mercado. En palabras de él, comenzó a moverse por códigos de “esta” realidad.
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R: ¿Te deprimiste?
D: Yo creo que sí. Es una palabra que en Perú nunca escuché. No porque no haya depresión sino porque la gente no tiene tiempo para deprimirse.
Pero, las soledades cuando no son elegidas. Son tristes. Esa fue una soledad elegida. Dolorosa. Muy dolorosa. Porque fue dejar algo que amo. Así como cuando dejé Perú. Todo eso que yo había querido, desde siempre… Y ahora le digo que no. Entonces, ¿qué hay después?
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Su formación, la del ambulante. La creatividad, la de la calle. Toda la otra formación que no tuvo, fue la que se dio a sí mismo cuando paró con el arte.
Durante esos 10 años no paró de aprender. Estudió actuación, actuó en películas, escribió. Cosas que no había podido hacer de chico, que le interesaban y que sabía que le iban a servir para luego poder llevarlas a obras de arte visual.
Trabajaba con profundidad,
Tranquilo pero sin pausa,
Así se fue armando un cuerpo de obra.
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No quería volver solo por volver. Tenía que ser un lugar donde se sintiera respetado. Donde el valor del costo humano que significó su construcción tuviese al menos, algo de sentido.
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De las 114 galerías que hay en Ciudad de Buenos Aires eligió Galería Piedras, una de las más importantes de Argentina, ubicada en el barrio de San Telmo, dirigida por Rafael Beltrán y Santiago Gasquet, dos personas con quien Daniel pudo construir un lazo por fuera del vínculo comercial galerista – artista.
“El pretexto de algunos para mentir. Y de otros para ser honestos.” Fue el primer título pensado para la muestra. Pero decidió cambiarlo por “Fundo el lapiz en sus sombras”
“Como cuando el grafito se mezcla de un tono a otro y se funde.. O como cuando algo se funde en sus propias sombras, las mismas del grafito. También en mis sombras, y en las sombras del arte“.
La muestra estuvo expuesta entre el 28 de febrero y el 20 de abril de 2024. Compuesta por varias instalaciones y un texto de sala escrito por Marie Gouiric, poeta Argentina:
“…. A veces el mundo y su naturaleza nos hacen sentir que todo se va para volver, el verano, los pájaros, el día. Pero no es así. Es algo generoso del mundo, del verdadero mundo, para poder dormir y descansar, porque sabemos que volverá a salir el sol. Sin embargo, cuando pase tu juventud pasará tu belleza y tu fuerza y tal vez el romance y los animales y el monte y tu padre y tu madre y tus amigos. Nada volverá, no, y entonces quedará el dibujo.
Esa es tu suerte. La estrella que cuidará tu espalda…”
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Chicha habla mucho de la importancia de los ejemplos, del fútbol y del amor hacia sus amigos. Cree que las barreras para que un pibe de barrio tenga acceso a determinado reconocimiento dentro del circuito artístico es de educación y de ejemplos. Algo así como ver una boya en el mar y decir: hasta ahí se puede nadar, más allá, quizás me ahogo. Hay alguien que nadó hasta ahí y puso esa boya. Si esa boya no estuviera… No sabrias hasta dónde ir.
El juego es una ocupación muy seria, solía decir Cortazar. Y lo es también para Daniel. Mismo, hacer del hacer un hecho poético. Vaya que poder.
“El juego es para mí, una expresión pura de las personas. Es un momento en el que uno está siendo uno, ¿no?. Te das cuenta en un partido de fútbol quién es quién, si prefiere hacer el gol él o si prefiere ganar antes que jugar bien.
¿Quién es más egoísta? ¿Quién es más resultadista? ¿Quién prefiere más lo lúdico o más jugar lindo que efectivo?
Entonces, muchos comportamientos, una clase de sociología constante, están en el fútbol. Y también en otros juegos , como el ajedrez, ¿no? O en la cocina… Todas ellas tienen tácticas, recetas, estándares. Cosas que se han hecho, libros que se han escrito. Pero después, en la práctica, está el alma misma del que lo ejecuta“.
Trata de ir un poco sin piel porque después está la vida que se encarga de ponerte la armadura para hacer lo que hay que hacer. Cuando algo le gusta profundiza todo lo que puede.
Escarba,
escarba,
escarba,
Se permite emocionarse con el acto porque ve más allá, porque sabe de lo frívolo del camino si uno no se anima a enredarse y descansar entre ternuras.
R: ¿Pensás en la trascendencia?
D: Más que en la trascendencia, más que si se piensa en el gol o en la obra o en “que buen artista” pienso en que este trabajo se reconozca pero no por mi, sino por la honestidad. Que se pueda ver la honestidad.
Es posible construir camino siendo honesto. Atahualpa Yupanqui decía: “Lo que se pierde de nombre, se gana de eternidad”.

Cuando veo que alguien le pega un pelotazo a la pelota y la manda a la mierda, en vez de tocar y ser paciente.
No le pegues, acaríciala, trátala con cariño.
Sí, vamos a tardar más, vamos a hacer cincuenta pases más para hacer ese gol que tú querías hacer en dos. Pero es necesario.
Es más largo el camino…
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Si pudiera ponerle un título a este capítulo de su vida sería algo como “no siempre quien te rodea es quien te acompaña”. Cuenta que sus amigos le dicen que tiene mucha energía para hacer cosas, también se pregunta: “Si quiero dar cosas buenas, tengo que estar bien, ¿no?”.
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Todas las penurias parecieron esfumarse al calor de los reflectores que me iluminaban mientras esperaba el colectivo que me llevaba de nuevo a mi casa. Pensé en la permanencia, también en los cuerpos que deciden hablar. Por momentos, la vida me parece un acto de recuerdos deplorables así como luminosos que a veces se sienten demasiado lejanos. En otros, una maniobra de la que uno mismo debería poder ponerse a salvo.
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Miré por la ventana, regresar es la única forma de seguir adelante.
Bastante seguido me pregunto, por qué escribo… Supongo que por encuentros como este.<